En los recientes escenarios de crisis, la falta de liquidez originada en las empresas por una reducción del crédito de las instituciones financieras, se ha perpetuado hoy en día constituyendo un mal endémico de las pymes a nuestro alrededor. Si hiciéramos una encuesta sobre los problemas de la pyme actual, seguro que las respuestas tendrían a la falta de liquidez como protagonista. La falta de liquidez y las restricciones que encuentran las compañías pequeñas y medianas a la hora de financiarse, marcan el devenir de cualquier director financiero que se precie.

Es curioso, los mismos problemas que se hacían patentes en escenarios de crisis.

¿Estamos entonces ante un problema sistémico y estructural?

Es la falta de liquidez la que genera un consumo de tiempo y esfuerzos a las empresas que hace que peligre la estabilidad del negocio y de la propia sociedad. Esta enfermedad se contagia peligrosamente entre proveedores y clientes y aunque estemos alejándonos de la crisis tal y como la conocíamos seguimos padeciendo algunos graves síntomas que pueden dar al traste con muchas compañías.

Son precisamente las pymes las que sufren de forma más aguda la situación ya que en este entorno se mueven con desventaja puesto que a pesar de las normativas de cobros y pagos, quienes primero incumplenla norma son las grandes empresas en contra de las pequeñas, con menor fuerza negociadora. Así, es habitual que las pymes no cobren antes de los 100 ó más días y tengan que recurrir a líneas de circulante para mitigar la situación agravando el problema tesorero.

Y ahora, ¿cómo resolver el problema? ¿tiene solución?

Dentro de las posibles soluciones que encontramos a esta crisis de liquidez existen dos principales como pueden ser la reestructuración de la deuda (llevando deuda de corto a largo plazo) y el control de los plazos de cobro y pago.

El segundo de ellos, es muy difícil de controlar por parte de las pymes que en general son el pez pequeño comido por el grande en cuanto a negociación de cobros se refiere. El primero por su parte, tiene un gran obstáculo en la banca que en cuanto escucha los términos refinanciación o reestructuración se cierra en banda y deniega cualquier cambio en la deuda a no ser que se aporten más garantías.

Estamos pues, finalizando el año 2018 y parece que cada vez nos alejamos más de los escenarios de crisis del 2010, 2011, etc. Los ratios de las pymes están cambiando a una versión más optimista, sin embargo, hay algo que nos une aún a los tiempos de la depresión más virulenta y es la generalizada falta de liquidez en nuestras pequeñas y medianas empresas.

En tiempos donde los tipos de interés deberían favorecer las inversiones y las reestructuraciones de deuda en favor de la tesorería, parece que ocurre todo lo contrario. Ésta es la epidemia de la época: la falta de liquidez.

Se precisa ahora por tanto altura de miras por parte de las entidades crediticias en cuanto a las refinanciaciones y reestructuraciones que nos separen de los rancios analistas de riesgos de tiempos pasados que solo entienden de garantías y rentabilidades a corto plazo y por parte de las instituciones públicas un mayor rigor a la hora de ser vigilantes de las normas de plazos de pago.

Afortunadamente, existen cada vez más instrumentos de financiación alternativos a la banca tradicional a la que las pymes se están viendo abocados y que transmiten un rayo de esperanza.

Julio Prado
Economista consultor financiero de Sayma