Este año 2020 no se olvidará fácilmente por parte no solo de cualquiera de nosotros sino especialmente de cualquier persona que tenga responsabilidades empresariales.

El estado de alarma derivado de la COVID-19 se prolongó durante prácticamente todo el segundo trimestre de 2020, que obtuvo los peores datos de crecimiento del PIB desde que existe información de esa variable. Efectivamente, la variación interanual del PIB fue del -19,5%, dieciséis puntos menos que el registro, también negativo, del periodo anterior. Este abrupto freno de la actividad no es exclusivo de la economía vasca, sino que se extiende a la práctica totalidad de las economías mundiales. En el entorno más cercano, la zona del euro registró una caída del 14,7%, al tiempo que la Unión Europea anotó un -13,9%. Entre los principales países, la horquilla se mueve entre el -11,3% de Alemania y el -22,1% de España o el -21,7% del Reino Unido.

En aquellos momentos la crisis económica originada por el parón productivo se creía un asunto pasajero y la salida a ésta que se creía que iba a ser rápida con un fuerte efecto rebote, se intentó paliar por parte de las instituciones con avales públicos que hicieran posible el acceso al crédito y así inyectar liquidez en los actores económicos. Conservar la tesorería se convirtió en la prioridad.

Con la segunda oleada de COVID el entorno económico que iba mejorando lentamente, empeoró velozmente y enseguida se puso de manifiesto que la salida de la crisis iba a ser de todo menos rápida.

La actualización de las previsiones para 2020 y 2021 muestran un escenario más pesimista. Con ello la estrategia empresarial de mantener la liquidez ya no es suficiente. No se puede mantener volúmenes grandes de liquidez sin pagar un coste. Ésta ha ido disminuyendo en las pymes y en estos momentos la incógnita es cómo devolver los préstamos ICO puestos en marcha en la primera oleada.

A noviembre del 2020, se podría decir que el entorno económico y financiero de incertidumbre resulta impredecible y en esta atmósfera lo que desde la empresa se puede hacer es estresar los modelos presupuestarios de producción y ventas a la baja para intentar crear coberturas financieras suficientes en este entorno hostil. En otras palabras, procurar prepararse para un empeoramiento de las condiciones económicas y productivas. La recuperación podría ser no lineal sino inestable.

Y todo esto recuperando herramientas tradicionales como el presupuesto, el plan de viabilidad o el plan de tesorería, que son los que pueden anticipar posibles desequilibrios financieros en la empresa.

Desde el Ministerio de Economía, se ha aprobado posibilidad de ampliar hasta junio 2021 el plazo de solicitud de los ICO, así como la de ampliar en 12 meses la carencia y en tres años el plazo de vencimiento sobre lo ya firmado.  El Gobierno Vasco está trabajando en la misma dirección. Mientras los ICO destinados a inversión y no a liquidez, todavía no se han cubierto. Prueba evidente de la incertidumbre reinante.

Las medidas de liquidez seguirán aliviando las situaciones a corto plazo pero no son la solución. No nos podemos olvidar de la inversión y la innovación. Aunque las incógnitas reinantes en el mercado no animen a ello, la oportunidad de llevar a cabo un proyecto de inversión puede ser determinante para un futuro. Es la oportunidad frente al coste.

Julio Prado – Responsable de servicios Financieros de Sayma.