Va pasando el tiempo sin que la situación económica de las pymes mejore sustancialmente. Las medidas tomadas con financiaciones blandas han ido encaminadas a solucionar el problema coyuntural generado por los gastos fijos de 6 meses de baja actividad, aplazando su pago a 5 años. En estos momentos, las pymes ven como las reservas que acumularon se van agotando, mientras, la actividad condicionada por la incertidumbre permanente, no se recupera de acuerdo con las expectativas de iniciales.

Ante este panorama el BCE ha realizado una encuesta a 143 bancos de la zona Euro y las conclusiones son significativas (Fuente:5 Días):

Los bancos han endurecido en el tercer trimestre del año los estándares de los créditos a las empresas.

  1. Los estándares de crédito, que son las guías internas de los bancos o los criterios para aprobar préstamos, se han endurecido en todas las categorías por el deterioro de las perspectivas económicas.
  2. Ha aumentado el riesgo de impago de los solicitantes de préstamos y los bancos tienen menos tolerancia al riesgo.

Desde las instituciones, se avanza la posibilidad de aumentar los períodos de carencia en 12 meses más tanto en los préstamos ICO como Elkargi, lo que podrá dar un balón de oxígeno en 2022 sobre el crédito concedido. Las conclusiones del informe del BCE, apuntan a las dificultades que pueden surgir en la nueva financiación, donde el lastre de los resultados negativos acumulados, así como el exceso de deuda, se puedan traducir en la falta de crédito o carestía de éste.

¿Qué hacer a la vista de todo esto? ¿Qué no hacer?

La tarea que tienen todos los interlocutores financieros en estos momentos, desde instituciones públicas a empresas, pasando por instituciones financieras, es ver cómo se puede afianzar empresas que son viables en circunstancias normales, y ahora no lo son. En términos de estrategia, se habla de “reinventarse”, aunque para la mayoría no es algo que nos resulte tan fácil de aplicar.  ¿Reinvención o o ayudas?  Probablemente ambas.

Desde el ámbito financiero, lo que resulta evidente es, que hay establecer modelos presupuestarios más duros, previsiones más exigentes, ya que nos hemos quedado cortos en la valoración de los efectos de la crisis, que se va agravando por momentos. Las soluciones aportadas hasta la fecha han servido para aumentar la liquidez de las compañías, y no para resolver situaciones duraderas en el tiempo, deben ser revisadas y modificadas.

Mientras tanto, seguimos pensando en que preservar, por muy mermada que se vea, la posición de tesorería mínima sigue siendo un objetivo plausible.  Deberemos incluir en nuestros modelos la financiación para un mayor periodo de tiempo, y empezar a medir la financiación de la pyme, ya no solo en función de precios o tipos de interés sino en función de la oportunidad de inversión y lo que ésta pueda generar frente a la competencia o para una mayor eficiencia. Hay que acostumbrarse a incluir la inversión como una necesidad más y tratarla según su coste de oportunidad.