Rescatar una EPSV en Gipuzkoa en forma de renta será fiscalmente más ventajoso en 2026
Hacienda premia este sistema al estar exenta la rentabilidad si el dinero se recupera en 15 años, lo que amplía la brecha que ya existía respecto a los contribuyentes estatales
Hasta ahora en Euskadi, no se diferenciaban las aportaciones que se hacían a una EPSV y la rentabilidad que generaban cuando se procedía a su rescate. Si se hacía en forma de capital, el 40% estaba exento y se pagaban impuestos sobre el 60% restante. En el resto del Estado, por su parte, hasta 2007 el sistema era igual pero, desde entonces, tributan íntegramente, sin exención alguna.
Volviendo a Euskadi, si el rescate era en forma de renta, cobrando una cantidad mes a mes o año a año, tributaba como rendimiento del trabajo en el IRPF, con un tipo máximo del 49%. Sin embargo, el tratamiento del cobro por esta vía se va a ver mejorado a partir de 2026 como consecuencia de la reforma fiscal. Para ello, del importe total de la pensión recibida mensualmente, se diferenciará la parte correspondiente a las aportaciones realizadas de la rentabilidad obtenida por la gestión de las inversiones.
Complemento para la pensión
Víctor Etxeberria, socio y codirector del área fiscal de la consultora donostiarra Sayma, considera que con la actual modificación, «se premia el rescate en forma de renta con el objetivo de que los futuros perceptores complementen su pensión pública con esta otra prestación. Además, como idea general, cuanto mayor sea la rentabilidad de tu EPSV, será más favorable rescatarlo por esta vía. Y a mayor salario, mayor ahorro debido al carácter progresivo del IRPF».
La cifra
3.918euros
en impuestos se ahorra en 2026 un vasco que cobra una EPSV en renta respecto a un madrileño.
En cuanto al cobro en forma de capital, la exención fiscal del 40% que se aplicaba hasta 2025 se ha reducido del 40 al 30% desde el 1 de enero de 2026. El importe restante –con un límite de 300.000 euros– recibirá un tratamiento fiscal diferenciado: la parte correspondiente a las aportaciones tributará como rendimiento del trabajo, mientras que los rendimientos financieros lo harán en la base del ahorro –capital mobiliario–, cuyos tipos son más bajos –un 28% máximo del ahorro frente a un 49% del trabajo–. Con todo, si la parte percibida en forma de capital procede de aportaciones y contribuciones empresariales realizadas antes del 1 de enero de 2026, se integrará el 60% en lugar del 70%. Es decir, se podrá utilizar el anterior sistema.
El nuevo enfoque alinea la fiscalidad con el objetivo original de estos sistemas: complementar la jubilación de forma estable
En la práctica, la reforma fiscal convierte el rescate en forma de renta en la opción más eficiente desde el punto de vista tributario. Al permitir que solo tribute una parte de lo cobrado y dejar fuera de impuestos una parte significativa de la rentabilidad, especialmente cuando el cobro se prolonga durante al menos 15 años, Euskadi se sitúa en una posición claramente más favorable que el régimen estatal.
No hay más que ver la tabla comparativa realizada, que cifra en casi 4.000 euros el ahorro de un contribuyente guipuzcoano que rescate este año su EPSV en forma de renta respecto a otro de la Comunidad de Madrid. Este sistema es más ventajoso que hacerlo de golpe, por lo que el mensaje de la Hacienda foral es claro: cobrar la EPSV poco a poco no solo aporta estabilidad de ingresos en la jubilación, sino que también reduce de forma notable la factura fiscal.
La mitad de los afiliados del territorio realiza aportaciones
Desde hace años, los datos muestran que Gipuzkoa es el territorio del Estado con mayor penetración de sistemas de previsión social complementaria. Según el informe de la Hacienda foral con datos de 2024 relativos al ejercicio fiscal de 2023, 176.502 guipuzcoanos declararon aportaciones a mutualidades, planes de pensiones y EPSV. No es una casualidad ni un fenómeno reciente, sino el resultado de varios factores que se han ido reforzando con el tiempo. En primer lugar, pesa la estructura del tejido empresarial. Gipuzkoa cuenta con una fuerte presencia de cooperativas y empresas industriales de tamaño medio, muchas de ellas vinculadas a sistemas colectivos de ahorro. En este entorno, la previsión social no se ha entendido como una decisión individual aislada, sino como parte de la relación laboral. Las EPSV de empleo han sido durante décadas una extensión del salario diferido. A ello se suma una tradición sindical y de negociación colectiva que ha incorporado la previsión social como un elemento estable de los convenios. En muchos sectores, las aportaciones forman parte del paquete retributivo, lo que normaliza el instrumento y lo acerca a trabajadores que, de otro modo, no darían el paso. Otro factor clave es la cultura financiera. Sin necesidad de grandes discursos, se ha consolidado una visión del ahorro a largo plazo muy vinculada a la estabilidad y a la prudencia. La EPSV se ha percibido menos como un producto financiero y más como una herramienta de protección futura, complementaria a la pensión pública. Por último, la estabilidad normativa y el apoyo institucional han contribuido a generar confianza. A diferencia de otros productos que han cambiado de reglas, las EPSV han mantenido un marco reconocible durante años.

